viernes, 15 de enero de 2010

Me acuerdo cuando, hace un año o algo así, nos fuimos unos días a Salamanca. De hecho, lo que más recuerdo de ese viaje fue el último día. Pero antes de seguir, me voy a permitir hacer una aclaración de las circunstancias en las que me encontraba, para que lo tengáis en cuenta. En un periodo de tiempo de 37 horas exactamente, había dormido... no sé... como media hora. El caso es que estaba muerta de sueño y, todo sea dicho de paso, al borde de las alucinaciones. Todo brillaba mucho y los sonidos se escuchaban con el pedal de sordina. Y entonces ocurrió lo imposible (al menos para mí). Me dormí de pie en medio de la plaza principal. Lo sé, suena ridículo y lamentable, y mis amigas me lo recordarán hasta el fin de mis días. Lo peor de todo es que, una vez que lo conseguí, ya no pude parar y a lo largo de ese día me iba durmiendo por todas partes. Podrían haberme secuestrado sin que me diese cuenta.
Os preguntareis por qué os cuento esto. Ni yo misma lo sé. Pero hoy tengo muchísimo sueño. ¿Y qué mejor momento para hacer confesiones?

1 comentario:

J. dijo...

Natural, la Plaza Mayor de Salamanca es de ensueño...
Una forma de tortura para que alguien confiese lo que sea, es privar del sueño. En poco tiempo, la víctima confesará lo que se le pida, esas confesiones con sueño no son muy de fiar...