martes, 10 de abril de 2012

Siempre las personas subestimamos los sueños. Les restamos importancia porque no los consideramos reales. Pero, ¿no es acaso real lo que percibimos, lo que sentimos en un sueño? Hay sueños que tengo grabados a fuego y que pueden condicionar mi vida, porque las sensaciones que he tenido en ellos parecen mucho más reales e intensas que las que he podido tener en el mundo de la vigilia.
Y cuando tienes una vida onírica muy activa, empiezas a sentir que esta realidad no te sacia. No dejo de preguntarme... ¿no podríamos invertirlas? Considerar los sueños como el mundo real, y al despertar dormirse, y al dormirse, despertar. La primera idea que se viene a la mente es que es una actitud cobarde, pero, ¿lo es realmente?

Si lo pienso detenidamente, los sueños y la vigilia pueden compararse con las máquinas de escribir y los ordenadores.
En el mundo de la vigilia (el mundo "real") todos tus actos tienen consecuencias, se acumulan, al igual que en una máquina de escribir, donde cada tecla pulsada queda grabada en el papel. Y no hay vuelta atrás. Puedes continuar escribiendo, pero siempre dejas errores que no pueden ser borrados.
Un ordenador, sin embargo, es diferente. Te permite empezar de cero, borrar todo lo que no te gusta. Perfeccionar.
Esto alienta una infinita posibilidad de experimentación. Puedes hacer lo que quieras, porque sabes que no importa si las cosas salen mal o si te equivocas. No habrá consecuencias.

Y mi pregunta es: si las máquinas de escribir evolucionaron hacia los ordenadores... ¿no podría ocurrir lo mismo con nuestra concepción de la realidad?
Quizás darle más importancia a los sueños no sea de cobardes, sino un paso hacia un futuro en el que podamos ser absolutamente libres como para experimentar sin miedo todo lo que podamos imaginar. La oportunidad de una mente sin ataduras y dispuesta a desarrollarse en todo su potencial.

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