El otro día volvía a mi casa por la mañana y experimenté una sensación increíble y que nunca antes había sentido.
Caminaba por el parque y el sol brillaba tanto que parecía cegarme. Entonces vino una ráfaga de aire y por un momento me sentí libre y ligera, y tuve la absoluta certeza de que podía volar. De que si hubiese empezado a correr muy rápido habría conseguido despegar del suelo y subir alto, muy alto.
No llegué a intentarlo, pero sé que lo habría conseguido. No obstante, sentí toda esa libertad en mi interior. Y aunque mi cuerpo seguía en el suelo, mi mente volaba…

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