Aquella tarde, al decirle que me iba del pueblo, me miró triste -¡qué dulce!-, vagamente sonriendo. Me dijo: ¿Por qué te vas? Le dije: Porque el silencio de estos valles me amortaja como si estuviera muerto. -¿Por qué te vas?- He sentido que quiere gritar mi pecho, y en estos valles callados voy a gritar y no puedo. Y me dijo: ¿Adónde vas? Y le dije: Adonde el cielo esté más alto, y no brillen sobre mí tantos luceros. Hundió su mirada negra allá en los valles desiertos, y se quedó muda y triste, vagamente sonriendo.
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Adolescencia
Aquella tarde, al decirle
que me iba del pueblo,
me miró triste -¡qué dulce!-,
vagamente sonriendo.
Me dijo: ¿Por qué te vas?
Le dije: Porque el silencio
de estos valles me amortaja
como si estuviera muerto.
-¿Por qué te vas?- He sentido
que quiere gritar mi pecho,
y en estos valles callados
voy a gritar y no puedo.
Y me dijo: ¿Adónde vas?
Y le dije: Adonde el cielo
esté más alto, y no brillen
sobre mí tantos luceros.
Hundió su mirada negra
allá en los valles desiertos,
y se quedó muda y triste,
vagamente sonriendo.
Juan Ramón Jiménez
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