viernes, 31 de julio de 2009

Decididamente, soy nocturna. Cuando llega la noche mi cerebro se despierta de golpe, aunque esté agotada. Por ejemplo, soy incapaz de escribir de día. Es una de las razones por las que suelo actualizar con citas (generalmente de películas) que expresan lo que quiero decir cuando es de día y las palabras se niegan a salir de mi. Sin embargo por la noche, se me ocurren mil historias, mil ideas. Como si de un audiolibro se tratara, mi cerebro narra relatos de principio a fin, ya salidos del horno y preparaditos para comer. Pero nunca me armo del valor suficiente para salir de la cama y escribirlos. Así que allí se quedan, flotando por toda la habitación. Y cuando esto ocurre me los imagino como pequeñas y ligeras nubes de colores que se van moviendo de aquí para allá. Solo entonces puedo dormir tranquila.

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